Caballo
Ante nosotros, un caballo surge en acuarela: sus ojos, profundos y serenos, parecen contener la memoria de lo indomable y la ternura de lo cercano. La técnica, de manchas que se deslizan y se funden, revela tanto el rigor del trazo como la libertad del agua, recordándonos que el arte también respira, gotea y se escurre.



No es solo un retrato, sino un instante capturado entre la fuerza y la fragilidad, la nobleza de un animal que ha acompañado al ser humano a lo largo de la historia y la delicadeza de una pintura que se deshace en transparencias.
