Liebre
En estas dos acuarelas, la liebre se presenta como figura central, frontal y directa, ocupando casi todo el plano. La composición doble permite comparar dos aproximaciones a un mismo motivo: a la izquierda, una liebre trabajada con manchas más sueltas, fondos blancos y salpicaduras que aportan frescura y espontaneidad; a la derecha, una representación más definida, con mayor densidad de color, detalles en el pelaje y un fondo azul que enmarca la figura.
El uso de la acuarela enfatiza la ligereza del trazo y la transparencia del pigmento, permitiendo que cada mancha aporte textura y carácter. Las orejas largas, la mirada fija y los bigotes trazados con líneas finas refuerzan la expresividad de los animales, transmitiendo atención y curiosidad sin necesidad de recurrir a un exceso de detalle.
La obra juega con la dualidad: la inmediatez gestual de un lado y la observación más detenida del otro. Así, las dos liebres no son solo retratos de un mismo animal, sino también un ejercicio artístico sobre cómo la técnica y el tratamiento de la acuarela pueden transformar la percepción de un mismo sujeto.



